El lado positivo

 

 La vida, los comportamientos aprendidos, las experiencias, pueden llevaros a estancaros en
el negativismo. Por muy difícil que parezca en ocasiones, todo, absolutamente todo, tiene su lado positivo.

Cuando estoy con vosotras en nuestras sesiones de coaching, muchas veces os cuento esta historia, como ejemplo de que disfrutar de los momentos depende solamente de nosotras:

“Me encontraba en París, una de mis ciudades favoritas. Hacía años que no había tenido ocasión de visitarla y estaba deseando perderme por sus calles y respirar su esencia de nuevo. Había llovido la noche anterior, justo a mi llegada, pero esa mañana lucía el sol, podía verlo desde mi cama. Pero pocos minutos después de abrir los ojos unos cólicos abdominales, me avisaban de que si salía de casa esa mañana, me arriesgaba a tener que buscar aseos urgentemente en cualquier momento. Mí mañana se había estropeado”.

Aquí debo hacer una pausa en la historia porque es un punto de inflexión. Igual que en aquellos libros de nuestra infancia denominados Tú eliges tu aventura, tenía dos opciones: <<si quieres que tu día se arruine y amargarte una jornada de tu viaje…vete a la página 23, si a pesar de todo quieres tener un buen día…sigue leyendo>>. Yo elegí no amargarme. Podría haberme enfadado, quejarme a mí misma, pues estaba sola esa mañana, de mi mala suerte, de ese destino injusto, y ponerme peor del estómago a causa de los nervios.

“Decidí entonces coger el edredón de la cama y tumbarme en el suelo bajo los rayos de sol que entraban por elbalcón para leer un libro que había comprado en el aeropuerto (es una vieja costumbre que tengo, comprar un libro en cada viaje). Cuando ya me encontraba inmersa en mi lectura, comienzo a escuchar música proveniente del piso inferior. Parecía que un grupo empezaba un ensayo. ¡Adiós a mi lectura! Nuevamente podría torcerse mi plan, pero ¿por qué? Estaba en una habitación de París, con mis piernas bañadas por el sol y un grupo estaba tocando sólo para mí. A punto estuve de bajar y pedirles que me dejaran presenciar el ensayo, pero no hablo francés lo suficientemente bien J . Finalmente mi estómago mejoró, y salí a dar un paseo por el barrio, no quería alejarme demasiado de mi baño, y gracias a que no había podido ir al centro, encontré un restaurante con un patio secreto con un ambiente bohemio tan, tan francés, que me quedé enamorada”.

Espero que os haya gustado mi historia, y que, cuando os encontréis ante una situación similar, os acordéis de ella y “sigáis leyendo”.

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